sábado, 20 de septiembre de 2008

SABOR A SELVA!

Nuestro país a finales de los sesenta empieza a cambiar, el contexto que se vive y se siente es una fusión, la gente de provincia ha llegado a Lima y con ellos llega toda una revolución social, revolución que también incluye lo musical, es así como la cumbia empieza a coquetear con diferentes ritmos; pero hay un ritmo en particular que seduce más, éste es el ritmo del oriente peruano, los pioneros de tal fusión son la banda de “Juaneco y su combo” fueron ellos quienes se encargaron de transmitir toda la pasión de este ritmo. Sin embargo, una tragedia enlutó a la banda; no obstante, no pudo la muerte enlutar la pasión de su música, es así como los acordes siguieron seduciendo, aún con el transcurrir de los años.
En el 2006 se cumplieron 30 años de la tragedia, para conmemorar esta fecha, la nueva generación de “Juaneco y su combo” organizó una gira por todo el país, es así como las melodías sonaron con guitarras eléctricas y utilizando el -wha wha-, logrando un efecto particular y catalogándose así como «cumbia psicodélica» como si no fuera poco, el estilo de la banda tenía una carga semiótica importantísima, ya que ellos vestían el “chusma”, la vestimenta típica de Pucallpa.
La visita que hizo “Juaneco y su combo” inspiró a la juventud limeña, ya que bandas como Bareto, La Sarita, Barrio Calavera, La Mente, entre otras; empezaron a revalorar ésta música, tocándola, cantándola y transmitiéndola, para que ahora todos en conjunto reconozcamos y coreemos:

Ole mujer hilandera ole, ole, ole Ole mujer hilandera...ole, ole, ale tú me enseñas a hacer hilo Yo te enseño a enamorar

Es casi imposible ignorar el poder de la seducción de ésta y otras canciones, pareciese que su alegre ritmo estuviese cargado de una simbología oculta en las melodías, lo mágico, poderoso y entrañable de la Amazonía están presentes en las canciones. No sólo es un placer musical, sino que gracias a ésta música podemos percibir y hasta entender el imaginario de las comunidades selváticas y por que no arriesgarnos a decir, gracias a ésta música se da un paso más para lograr la armonía de la convivencia en nuestro país además que acrecentamos el amor por lo nuestro.

martes, 2 de septiembre de 2008

Lo ideológico no quita lo literario

En las últimas semanas, nuestro ambiente literario ha tenido ciertos matices de desavenencias, con respecto a una publicación de José Miguel Oviedo; las desavenencias en cuestión, han girado en torno a una riña que provendría de décadas pasadas; particularmente obviaré esto último que acabo de mencionar, ya que me parece insustancial y nada provechoso para con el tema literario que es lo importante. Sin embargo, no puedo obviar el otro lado de la moneda que refleja cuanta importancia se le da a la singularidad de pensamiento, en este caso el de la militancia política que el Grupo Narración profesaba. Es imposible negar que J. M. Oviedo no incluyera sus nombres por alguna razón de carencia en el aspecto formal, estético, reflexivo o de estilo literario, sino que no lo hizo por que este grupo tenía una visión política distinta a la suya.

No se pretende subestimar la calidad profesional de J. M. Oviedo, ya que es indudable su capacidad crítica; por la misma razón creo imposible mantener el silencio y debo manifestar el increíble talento literario que tienen los escritores que pertenecieron al Grupo Narración, estamos hablando de Oswaldo Reynoso, Antonio Gálvez Ronceros, Miguel Gutiérrez (ideólogo del grupo), Gregorio Martínez, Roberto Reyes; cada uno de ellos contienen en sus obras diversos rasgos que enaltecen nuestra literatura, negarlos sería absurdo, ya que incluso no hay necesidad de ser un entendido en la materia para saber con qué clase de profesionales estamos tratando.

Reseña de El Susurro de la Mujer Ballena

La novela El susurro de la mujer ballena de Alonso Cueto fue finalista del I Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa en el 2007. Narrada en primera persona por la coprotagonista de la novela, la historia nos sumerge en el mundo de una mujer de clase media alta que tiene una familia regularmente establecida, un amante y unos pocos amigos de verdad. Sin embargo, la monotonía de su rutina diaria se ve trastocada cuando en el avión que la traía de regreso de un viaje de trabajo se encuentra con una antigua compañera del colegio: una mujer enorme, “una especie de mujer ballena” que llegó desde su olvidado pasado para encontrar en Verónica (la narradora) a ese alguien a quien culpar por todas sus desgracias. A partir de este encuentro - luego nos daremos cuenta que fue premeditado por Rebeca - se suceden otras reuniones sorpresivas, surgidas aparentemente de la nada.

En un primer momento, Verónica rechaza a esta figura fantasmal pues siempre le sorprenden e incomodan sus apariciones, principalmente porque, como todo recuerdo que dejamos olvidado, trae los secretos nunca compartidos, incluso secretos de su vida: Rebeca sabe de la existencia del amante de Verónica. Posteriormente, los encuentros van a ser planeados por las dos, Verónica entiende que la única solución, para no herir a la única razón de su vida (Sebas, su hijo), es lidiar con los problemas que había dejado escondidos muy en el fondo de su memoria, pero que la definen desde el colegio.

De esta manera, Alonso Cueto logra ingresar, y no sin precisión, en la psicología femenina. Es justo recordar que no es su primer intento pues Grandes miradas (2003) y La hora azul (2005) son novelas que también están narradas por mujeres y que se adentran en ese mundo tan difícil de alcanzar por un escritor varón. Por eso, el autor no tiene problemas para inmiscuirse en la paranoia de Verónica, en la angustiosa culpa de Rebeca o en la soledad que se puede sentir aun cuando se está rodeado de personas. Este sentimiento es el personaje principal de la novela, está siempre presente, hostigando, generando odios, rencores, culpas, miedos, es el detonante para que las coprotagonistas, que tal vez son amigas, tengan la necesidad de navegar en este viaje al pasado, en este retorno hacia aquel incidente que nadie comentó después, pero que terminó en un intento de suicidio y en un silencio asfixiante.

Es notable la manera cómo la prosa nos permite este acceso a la psicología de la mujer: accesible, sin mayores complicaciones en el lenguaje, en tal medida que nos lleva de la mano hasta el final, en el cual se relata la evolución de cada una de las coprotagonistas después de haber enfrentado a sus respectivos fantasmas. Con esta novela, Cueto confirma las razones que lo han llevado al podio más alto de la narrativa peruana de nuestro tiempo.